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Renoir-Baile en el Moulin de la Galette 1876
Baile en el Moulin de la Galette 1876

Exposición de Renoir en la Fundación Mapfre

Las dos mejores colecciones de Renoir, la del Museo d’Orsay y la del Orangerie bajo el mismo techo, el de la Casa Garriga i Nogués, sede de la Fundación Mapfre en Barcelona. La estrella de la muestra es el “Baile en el Moulin de la Galette” (1876), un formato imponente (casi dos metros de ancho) que rara vez sale de Orsay . Obra Maestra, pionera en la representación de la vida moderna y alegre que después desarrollarán todos los grandes maestros del Montmartre canallesco.

Fue Baudelaire quien acuñó la expresión de modernidad artística en su tratado “El pintor de la vida moderna“, que entendía como “un amante de la vida: un observador nato cuyas ansias de ver y sentir son inagotables… Los ambientes más banales y superficiales, donde la apariencia, la moda y las reuniones en sociedad constituyen el eje que guía los días, son tan dignos de representación como lo fueron los acontecimientos históricos o literarios plasmados en el pasado”.  El pintor moderno se erige como cronista del presente para extraer la belleza del entorno.

En “Baile en el Moulin de la Galette” las dinámicas pinceladas de Renoir alcanzan máximo esplendor jugando con las sombras de la popular sala de fiestas, puro komorebi. Corta figuras sin pudor, entreteje rostros alegres y consigue transmitir el movimiento mediante dos perspectivas distintas: frontal para las figuras que bailan al fondo y alta para el grupo de la derecha. Los personajes son en su mayoría retratos de amigos del propio Renoir, muchos de ellos pintores, como Pedro Vidal, que junto a su amiga Margot nos miran fijamente desde el centro de la escena.

Pero hay muchas más obras, hasta 60, que nos sumergen en una extraordinaria retrospectiva del pintor de la alegría, padre del cineasta Jean Renoir. La muestra recorre desde sus primeros lienzos realistas (“Chico con gato”, pintado a los 27 años), que revelan una gran influencia de Courbet, Delacroix o Manet, hasta los sensacionales desnudos teñidos de rosa y ocre de sus últimos años.

Y por supuesto toda su experimentación con el impresionismo. A lo largo del s. XIX la industria del pigmento consiguió colores que los pintores anteriores solo habían podido soñar. Aquella innovación llegó a la Escuela de Bellas Artes de París y a las paletas de jóvenes genios como Renoir, Monet o Sisley, amigos de estudios, que decidieron sacar sus caballetes al exterior y cambiaron el arte para siempre con sus audaces pinceladas; presintieron que la luz y el color expresaban algo por si mismos y se lanzaron a buscarlo.

Dada la amplitud de la muestra se distingue el cambio en su estilo alrededor de 1883. Escribió al célebre galerista Ambroise Vollard: “Dejé de pintar. Había llegado al límite del impresionismo y tomé conciencia que ya no podía pintar ni dibujar. Estaba en un impasse y tuve que romper”. Dedicó entonces tres años a “Las grandes bañistas”, que subtituló “Ensayo de pintura decorativa” para anunciar su adiós al impresionismo, cuya versión final se encuentra en el Museo de Arte de Filadelfia,  pero la exposición incluye un extraordinario trabajo preparatorio en el que destacan dos modelos: en el centro Aline Charigot, su musa predilecta y posterior esposa, y a la izquierda nuestra querida Suzanne Valadon, la gran pintora de la bohemia parisina ahogada por el alcohol, madre de Maurice Utrillo.

La exposición se articula como “Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico“. Renoir siempre se consideró un retratista, sus temas iniciales incluyeron amigos cercanos, pero fue en sus retratos de mujeres donde su talento brilló con más ardor, pintando desde jóvenes trabajadoras de Montmartre a las damas de la alta sociedad parisina.

Si ya había pintado desnudos anteriormente, a menudo en exterior, en su madurez se centró en esta “indispensable forma de arte” según sus propias palabras y su obra gana plenitud, con referencias al arte clásico de Rubens o Ticiano. Renuncia a los colores llamativos y trabaja con tonalidades más sutiles, de gran armonía, con una suave y cálida luz. Las figuras, alargadas en una pose elegante, recuerdan las majas de Goya, más cercanas a las odaliscas de Ingres que a las de Manet. Buscó la perfección en sus desnudos tardíos: “No puedo morir hasta que haga mi obra maestra”.

Grand nu, 1907-Renoir

Grand nu, 1907

Del 17 septiembre 2016 hasta el 8 enero de 2017. Finalizada

Horario: Lunes de 14:00 a 20:00 h.
Martes a sábado de 10:00 a 20:00 h.
Domingos y festivos de 11:00 a 19:00 h.

Entrada: 3€, gratuita los lunes de 14:00 a 20:00

Reserva:  Entradas  (Truco: si da error, clique “Ir a la página de Inicio” y vuelva a entrar accediendo a “Casa Garriga i Nogués”)

PS: La exposición contrasta la evolución del ideal femenino en la obra de Renoir con el trabajo de sus contemporáneos y de la nueva generación moderna, con obras de Van Gogh, Maurice Denis, Edgar Degas, Pierre Bonnard o Pablo Picasso.

Coincide en el tiempo con otra muestra dedicada a Renoir en el Thyssen. No es la primera vez que sucede, tenemos pocos recursos y los dividimos…
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Sobre Edi Kastas

Librepensador. Estado civil: Siniestro total. Estudios: poco cuajados.