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Remedios Varo-Mimetismo,1960
Mimetismo, 1960

Remedios Varo

1955, México DF.
Remedios Varo:
-¿Qué precio pongo a los cuadros?
Rosita Validay:
-Qué más da, ¿crees que vas a vender alguno? Olvídate… ponlos carísimos. (*)

México era un país con una sociedad alegre y libre, que había dejado atrás muchos prejuicios de género. Y una sociedad abierta, como toda América latina, que dio la bienvenida a los que huían de una Europa envuelta una vez más en un baño de sangre. Muchos se quedaron para siempre y se nacionalizaron, como Buñuel o Remedios Varo.

Remedios había vivido un ambiente de similar libertad y creatividad en la Residencia de Estudiantes, junto a  Dalí, el propio Buñuel, García Lorca o Maruja Mallo. Pero aquel ambiente era un espejismo, un oasis en un desierto social.

Remedios y Maruja, pintoras extraordinarias, formaron parte de “Las Sinsombrero“, un grupo de corajudas mujeres de la generación del 27, que fuera de aquellos círculos se toparon con una sociedad machista hasta la médula del último hueso, que rechazaba sistemáticamente el rol de la mujer artista-escritora-pensadora. Se toleraba a María Blanchard, pintora sublime, pero por compasión a su accidentada constitución similar a la de Toulouse-Lautrec, “déjala que pinte, la pobre”…

Remedios y Maruja se adentraron en los círculos del surrealismo, con una perspectiva y sensibilidad diferenciada que denominaron Logicofobista, nombre con el que protagonizaron en 1936 la exposición organizada por el galerista Dalmau… en los sótanos de la Llibreria Catalonia; el surrealismo y su lema “la imaginación al poder” ideado por André Breton era entonces un movimiento revolucionario; desempeñado por mujeres doblemente transgresor. Su obra despertó admiración y aparece en las revistas parisinas: la célebre Minotaure publica en su nº 10  “El deseo”, junto a obras de Dalí, Magritte y Miró.

Pero Europa estaba en la histeria política y España era una pura convulsión.

Cuando ya solo hablaron las armas llegó el exilio, zarpando desde Marsella en un penoso viaje que cruzó Argelia y Marruecos para volver a embarcar rumbo al nuevo mundo. Durante el viaje Remedios consolidó su amistad con Leonora Carrington, que ya sería de por vida, mientras que el destino la separó (solo físicamente) de Maruja Mallo, que siguió hasta Uruguay. Leonora y Remedios eran dos almas gemelas con una sensibilidad común. Se establecerían juntas en México, compartiendo piso y gatos.

México las acogió con los brazos abiertos, a ellas y a tantos otros exiliados. Entablaron relación con Frida y Diego Rivera, después llegó André Breton y México se convirtió en el epicentro de un surrealismo -que siempre se ha divulgado en términos masculinos- donde la protagonista era la mujer, con su propia visión particular, con una sensibilidad que hizo más real que en ningún otro lugar el principio del Manifiesto Surrealista de Breton: crear desde el otro lado del espejo: Frida, Remedios, Leonora, Kati Horna, Eva Sulzer, Alice Rahon, Angeles Santos, Maruja Mallo… A menudo trabajaron como vasos comunicantes.

De esa época son sus principales escritos: “¿Cómo hacer una peluquería psicoanalista?”“Lady Milagra” sobre la capacidad mágica de la mujer. En estos relatos se engendra la clave de bóveda de su obra posterior… muy posterior, pues cayó en un silencio artístico inexplicable, de casi diez años. Hasta que su segundo marido, tal vez la única persona a su alrededor ajena al arte, la animó a volver a pintar.

Y llegaron sus obras maestras, en las que crea un mundo total, secreto, que trasciende de largo el surrealismo, con un sesgo autobiográfico pues sin ser autorretratos siempre la vemos a ella. “Algunos de mis personajes poseen mis propios rasgos: caras en forma de corazón, la nariz larga y afilada, densas matas de pelo“.

Pintó apasionadamente y con delicadeza, con gestos dulces de su pincel de tres ceros (casi un pelo): un trabajo minucioso con reminiscencias de la pintura flamenca, dedicando más de un mes a cada pintura. Su imaginación desbordante junto a sus estudios de astronomía, psicoanálisis y alquimia medieval le permiten crear un universo enigmático, narrativo, en que cada lienzo contiene una historia codificada a modo de El Bosco, donde todo gira alrededor de la transmutación de la materia: las formas buscan su disolución, el ser humano se prolonga en partes mecánicas o artificiales, a menudo con hilos que le ligan a las estrellas. Una trama que Remedios Varo va tejiendo con personajes que se encuentran consigo mismos en el proceso de transformación, como “El Sastre” cuya sombra es tan rebelde que debe sujetarse con alfileres.

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El Flautista,1955

“El flautista”, 1955.  Su rostro con concha de nácar incrustada alude a un ser iluminado. Con su melodía levanta piedras ancestrales -fósiles- que tal vez simbolizan la memoria depositaria del conocimiento y que contruyen una torre octogonal en forma de zigurat, donde la sabiduría puede alcanzarse de forma escalonada.

remedios_varoSus artilugios de locomoción son propios de Julio Verne. En “Exploración de las fuentes del río Orinoco” la protagonista navega moviendo sin esfuerzo unas alas mientras con la otra mano, a través del cinturón, gobierna siguiendo la brújula. Parece un viaje iniciático, de regeneración, quizá mediante el elixir que brota de la copa de forma incesante para los que han sabido encontrarla.

 

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El Alquimista, 1955

“El Alquimista” filtra el Universo y lo destila mediante un sistema de poleas y alambiques. Surrealismo y alquimia descansan sobre el mismo principio de transformación y desafío de las leyes de la lógica. Los espacios medievales y las construcciones góticas abundan en su obra. Su paleta de colores es magistral, parecen cubiertos por la pátina del tiempo.

 

 

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El sastre de mujeres, 1957

“El sastre de mujeres” obra maestra de 1957.  Cada detalle propicia varias lecturas, pero lo mejor de su obra es que enamora antes de que la razón intente comprenderla. “Sobre alguna de mis obras se han escrito 32 ensayos, acerca de su origen y naturaleza. Todos están equivocados” (Remedios).

Remedios Varo-Espíritu de la Noche, 1952

Remedios Varo, 1952

“Mujer” o “Espíritu de la noche”, 1952. Pintada sobre masonite, que junto al vinilo eran los soportes que utilizaba para sus óleos. Una pequeñita joya que está actualmente expuesta en la Galería Mayoral, hasta el 1 de abril, en la extraordinaria exposición: Mujeres Surrealistas

 

1955, México DF. Rosita Validay de la Galería Diana le invita a participar en una colectiva con Leonora Carrington, Elvira Gascón y Solange Defor.

Remedios Varo, nerviosa antes de la inauguración:
-¿Qué precio pongo a los cuadros?
Rosita:
-Qué más da, ¿crees que vas a vender alguno? Olvídate… ponlos carísimos.

Lo vendió todo. Al año siguiente realizó su primera exposición individual que causó furor, no solo lo vendió todo de nuevo, sino que se creó una larguísima lista de espera. Aquello fue su consagración y todos los coleccionistas querían una obra suya, aunque algunos encargos no se llegaron a realizar: un banquero le pidió un mural sobre la historia de la banca, Remedios le escribió: “Sí, se podría hacer, me imagino un hombre a la entrada de su caverna con un montón de huesos que está protegiendo con un gran mazo“… nunca más se supo del financiero.

Por fin podía dedicarse por completo a la pintura y preparó a conciencia la siguiente individual, en 1962. Entre las 16 piezas que colgó estaba su opus magnum, el tríptico formado por “Hacia la Torre”, “Bordando el Manto del Mundo” y “La Huída”, tres óleos pintados entre 1960 y 1961 sobre masonite, en que cada panel es un relato propio y componen una historia conjunta sucesiva.

Pero el destino le negó gozar de la cresta de la ola, se quebró todo. Con las obras de la muestra aún frescas un infarto letal terminó su carrera a los 56 años. No duden que sigue pintando en alguno de los universos paralelos que creó con paciencia de orfebre, rodeada de sus gatos, compartiendo piso otra vez con su alma gemela, Leonora Carrington, con la misma generosidad que le hizo mantener sus amistades fielmente hasta el final de su vida y con su enorme curiosidad hacia todos los aspectos de la vida y la ciencia. Octavio Paz tal vez alumbró el enigma de su pintura: “Esta mujer pinta lentamente rápidas apariciones“.

El Tríptico de Remedios Varo

La pintura de Remedios tiene sujeto, verbo y predicado, es pura narrativa. El tríptico está compuesto por tres óleos sobre masonite, bellísimos, que como decíamos componen una historia sucesiva. Disfruten desentrañando sus claves, cada uno encontrará su propia narración, tal vez porque ya la lleva dentro.

Solo les daré unas pistas que he ido descubriendo con el tiempo.

En el primer panel, “Hacia la Torre”, según su amiga Juliana González, la colmena hace referencia a su infancia en una Catalunya “creada por almas entusiastas que trabajan duramente para prolongar las tradiciones“. La estancia de Remedios en el colegio fue terriblemente frustrante para una mujer de espíritu libre como ella.

Del segundo panel “Bordando el manto terrestre”, una variante magistral de la mujer creadora, engendradora de vida, que crea el mundo con sus manos, escribió la propia Remedios: “Unas colegialas bordan, mientras una de ellas -la “rebelde”, una alegoría de mi misma-  teje el manto con el que se escapará con su amante“. Hay una cita en la pintura pero es casi invisible y está invertida, oculta en  los pliegues que salen de la mesa de  la rebelde heroína “ha tejido una trampa en la que se le ve con su bienamado“.

Otras claves son constantes en su obra: la alquimia como transmutación de la materia y los ventanales en arco  que establecen la comunicación con el cosmos.

Del tercer panel “La Huida”, en el imaginario de Remedios las montañas tienen similar significado a las torres (recuerden “El Flautista”) y las analogías con “”Exploración de las fuentes del río Orinoco” son abundantes.

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Que tengan un día de la Mujer maravilloso, lleno de paz y amore.

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Sobre Edi Kastas

Librepensador. Estado civil: Siniestro total. Estudios: poco cuajados.